
Es poco lo que queda de mí, tanto de lo que fui, como de lo que creía ser, como de lo que quería ser. Y estos restos que se supone que soy ni siquiera siento que sean míos. Paso las manos por mis costillas y noto las suyas. Me miro las piernas y puedo oír retumbar sus comentarios. Solo quería regalarme como quien regala un juguete viejo que ya no entretiene. Pero quizá invertí demasiado en el papel de regalo.
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