domingo, 8 de agosto de 2010


Mi nombre es Trinidad. Poco común, pero claro, no podía llamarme de otra manera. Era previsible que mi nombre no podía ser común, tenía que ser especial. A veces me pregunto si mis viejos me castigaron para toda la vida al darme ese nombre. Quizá si me hubiera llamado Florencia o Martina, no me hubieran sucedido la mitad de las cosas que me tocó vivir, sufrir, negar, experimentar, etcétera. Así que mi nombre es especial, como yo (según mis padres). Sí, ahora tengo amigas (y de las mejores) pero ellas no creen que sea especial, simplemente piensan que estoy loca. “Una loca linda”, como está de moda catalogar a los retorcidos mentales para que no se violenten.

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